Publicado el domingo, 12 de abril de 2009

Hoy empieza regresa y se va al cine. Hoy: A Ciegas




Las versiones cinematográficas de libros siempre conllevan bastante controversia: desde casos en los que los propios autores han renegado de las películas (me viene a la cabeza la versión del cómic V de Vendetta de Allan Moore) hasta versiones que los fans de lso libros han aclamado sin que ello implique la ausencia total de crítica (la trilogía de El señor de los Anillos de Peter Jackson ha gustado tanto a los seguidores del mundo de Tolkien como a los profanos).

Desde el punto de vista del espectador, sin embargo, todo se complica, y mucho, cuando la película en cuestión se basa en uno de nuestros libros "de cabecera". Uno de esos libros que hemos leído y releído, encontrando en cada nueva lectura matices, sutilezas y detalles que creíamos (quizá sin que sea cierto) que se nos habían escapado en otras ocasiones.

Ésta viene a ser mi relación con Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. Fue el primer libro del Nobel portugués que leí (tras una incursión fracasa en El Evangelio según Jesucristo). Recuerdo que me impactó la crudeza de la historia, hasta qué punto era reflejo de nuestra sociedad. Al leer a Saramago, al principio, siempre cuesta acostumbrarse a su estilo, a la ausencia de puntos y seguidos, a la extraña redacción de los diálogos... Sin embargo, uno se acaba habituando, incluso lo disfruta. En Ensayo Sobre la ceguera, además, ninguno de los personajes tiene nombre: todos son caracterizados por algún rasgo (el primer ciego, la mujer del médico, la chica de las gafas oscuras, el niño estrábico...) y, de hecho, no se les confunde. Saramago consigue que olvidemos la ausencia de estos elementos, que, al mismo tiempo que, cuando están presentes, hacen más fácil la lectura, también contribuyen a veces que nos dispersemos (¿fulanito era el hermano o el padre de menganita?) y olvidamos lo realmente importante: lo que el autor quiere contarnos: la historia.

Aunque creo es de sobra conocido tras el estreno de la película, voy a resumir brevemente el argumento. En un país no definido, un buen día, un hombre se queda ciego de repente mientras espera sentado en su coche a que el semáforo se ponga en verde. Es una ceguera extraña: blanca " como si estuviera nadando en un mar de leche". Sus ojos están sanos y, aparentemente, no hay ninguna explicación fisiológica para su ceguera. Aún menos comprensible resulta que, uno tras otro, vayan contagiándose todas las personas que han estado en contacto con él. Luego los que han estado en contacto con los que han estado en contacto y así sucesivamente. Las autoridades, incapaces de encontrar una solución o cura para el llamado "mal blanco", deciden encerrar a los ciegos con el objetivo de aislar la epidemia. Les encierran en un manicomio abandonado, con la promesa de hacerles llegar alimentos, productos de limpieza e higiene personal, medicamentos o cualquier cosa que necesiten. Allí va a parar, pues, el primer grupo de ciegos. Con ellos, fingiendo ser ciega, está la mujer del médico, que es la única que conserva, a menudo a su pesar, la vista en un mundo de ciegos. A partir de ahí, Saramago describe magníficamente la esencia del ser humano: la bondad, el heroísmo, la crueldad, el miedo, la culpa, el amor, la compasión, la lujuria, el desprecio, el odio, la venganza, las miserias y las alegrías. Un libro maravilloso, duro, cruel, tierno, divertido, aterrador, brillante, estremecedor, que no sé cuántas veces habré leído.

Muchos de estos elementos están también presentes y bien desarrollados en la película de Fernando Meirelles Blindness (A Ciegas en su traducción española). Julianne Moore está simplemente inmensa en el papel de la mujer del médico. La historia está bien trabajada, bien contada y bien estructurada, aunque la vi con la perspectiva de quien quiere ver el libro que leyó llevado a la pantalla palabra por palabra, frase por frase, escena por escena, detalle por detalle. Soy consciente no sólo de que es totalmente imposible, sino de que es inconveniente, por las diferencias evidentes entre el lenguaje literario y el cinematográfico. Sin embargo, me irritaban los pequeños cambios sobre la historia original: la muerte del ladrón de coches, la historia del supermercado, el baño de las mujeres... Todas esas mínimas variaciones sobre el libro no tienen mayor importancia y, sin embargo, me molestaban.

Frente a todos esos cambios de menor importancia, hay un elemento que el guionista César Charlone ha modificado con respecto a la novela y que sí que me parece que altera el espíritu original de la historia: la relación entre el médico y su mujer. En el libro, la complicidad, el amor, el cariño, la comprensión son los elementos centrales de su matrimonio. Ella decide irse con él donde quiera que lo lleven, fingiéndose ciega. Se comprenden, hablan constantemente entre sí, se preocupan el uno por el otro, pero sin servilismos, sin que haya una relación desigual, sino como compañeros, como pareja, como dos personas iguales que se quieren, que se entienden y que se respetan. Es el elemento más hermoso, más tierno y más humano del libro. A menudo es como un refugio, un cobijo ante la locura y el horror que reina fuera de su pequeño mundo.

Pues la película transforma esta relación: el médico está preocupado porque ella lo cuida, lo limpia, le protege. Se siente humillado, herido en su hombría, dependiente y vulnerable. Llega a decirle que ya no es su mujer, sino su enfermera. En el libro, aunque alguna vez se siente extraño y preocupado porque si si mujer se convierte en la esclava de todos si llegara a decir que ella puede ver, no hay ningún problema, nada antinatural, ni nada malo en que ella le cuide. Cuando en una pareja hay respeto, igualdad y armonía, no es ningún problema que, en un momento, por alguna circunstancia en particular, uno sea más vulnerable que el otro y necesite su ayuda, sin que eso implique una dependencia más allá de ese momento puntual ni que el uno se sienta humillado ni el otro superior. Esa traición a la historia de amor sí que me ha disgustado.

Aun así, la película es muy recomendable. Es entretenida, está bien hecha, con una realización y una fotografía bien ejecutadas, con un buen elenco de actores. Para los que no hayan leído el libro, es una buena historia, interesante y bien contada. Son dos horas de cine entretenido y bien hecho, pero también os hará reflexionar sobre el ser humano, sobre nuestras relaciones, sobre el poder, sobre nuestra sociedad, sobre nuestras heroicidades y nuestras miserias. Una buena película basada en un libro magnífico

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Publicado el martes, 16 de septiembre de 2008

"La historia de las cosas"...

explicada de forma apabullante. ¡No os lo perdáis, malditos consumidores!


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Publicado el miércoles, 28 de mayo de 2008

Carril bici


Al ayuntamiento de Valencia se le llena la boca con los kilómetros de carril bici que tiene la ciudad, y de los que pueden sisfrutar los ciudadanos. ¿Este tramo lo contarán? Es curioso, nunca me ha parecido ver a uno de los concejales en bici por la ciudad. Pues eso, que el carril bici, en alguno de los tramos, es una mierda.

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Publicado el martes, 27 de mayo de 2008

¿Somos racistas?

"No sé si llevar a mi hijo a un colegio público. Es que está lleno de inmigrantes y, ya se sabe, ellos no quieren estudiar, sólo hacer pandilla y ser unos matones". Está claro que la mayor parte de nosotros rechaza estas afirmaciones tan burdas, tan groseras, que se nos antojan incomprensibles y que nos repugnan. Sin embargo, ese sentimiento está mucho más enquistado en nuestra ¿conciencia? de lo que nos gustaría aceptar.

Hace una temporada que estoy medio enganchada a las tertulias radiofónicas (estoy intentando dejarlo, lo prometo, pero es que...) y tod@s coinciden en decir "España no es racista". No sé dónde viven, ni con quién se relacionan ni hablan, pero yo os aseguro que, en los últimos dos años, he oído afirmaciones del estilo de la que abre este mail casi de forma cotidiana. A gente que me rodea, personas aparentemente normales, más o menos formadas (vale, vale, ya sé que es una tontería lo del título universitario), personas como yo, con trabajos como el mío, de mi edad, que casi podrían ser yo. Francamente, de ahí a "Vienen a robarnos el trabajo y a violar a nuestras mujeres" hay un paso. ¿No os parece?

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Este post empecé a escribirlo ayer. Hoy precisamente he ido al cine a ver "It's a free world...", la última película de Ken Loach. Y trata precisamente de lo que intentaba explicaros ayer.



La cuestión es que somos tan ridículamente presuntuosos, tenemos una memoria tan corta y nos creemos tan absurdamente superiores a los que vienen de fuera que pensamos que podemos abusar de ellos y, lo que es más grave, resumimos nuestra relación con ellos a dos posibilidades:
- Son malos, no les entiendo, que se alejen de mí. (Viene a ser lo de "robarnos el trabajo y violar a nuestras mujeres")
- Les voy a dar un trabajo de mierda, pero lo hago por ellos, por hacerles un favor, porque sé que les hace falta. Y, claro, les pago menos... porque... porque... vamos, que yo soy buena persona, pero, claro, la seguridad social es muy cara y... y... al final... ellos... vamos, que les hace falta y yo les hago un favor y soy una persona excelente.

La cuestión es que somos unos malditos hipócritas, presuntuosos, nuevos ricos y eurocéntricos (no sé cómo decirlo: occidenteurocéntricos). Unos abusadores en potencia. Un pobre desesperado es capaz de machacar y exprimir sin problemas a otro que sea más pobre y más desesperado que él. Así de claro. Y, sobre todo, así de espeluznante. Os prometo que lo que me ha puesto la carne de gallina no ha sido la película, sino el hecho de haber reconocido en ella la maldita realidad. Una realidad que se parece mucho a lo que me contaba una compañera de trabajo hoy y que quizá os cuente un día si ella me da permiso. Y que da miedo y asco. A mí, desde luego, me repugna.

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Gato Robert

Flor

Publicado el lunes, 26 de mayo de 2008

Mariano Rajoy: el hombre solo

Estas últimas semanas se ha hablado por activa y por pasiva de la crisis interna del PP. Casi cada día, hay críticas, casi todas destructivas, a la gestión de Mariano Rajoy, a su capacidad de liderazgo y a su forma de organizar el partido. Lo penúltimo fueron las manifestaciones en las sedes del PP (¿dónde se han visto que los militantes de un partido se manifiesten contra su propio líder, por elegido a dedo que haya sido?). Y lo último el artículo de marras de Javier Elorriaga (que no pienso citar, ni reproducir, ni enlazar, ni leer siquiera).

¿Sabéis lo que a mí me viene constantemente a la cabeza? No las implicaciones políticas que pueda tener que el PP se decante por la línea dura (que se supone que representan Esperanza Aguirre, María San Gil...curioso tantas mujeres) o por la línea ¿blanda? (si Rajoy es "blando", no quiero ni pensar en los demás...), por interesantes y más o menos decisivas que puedan ser. No el debate ideológico. Ni siquiera la lucha personal (creo que, simplemente, es una lucha de personas, no de ideas). Ni aun lo interesante que resulta ver que en política lo más complicado, como se ha dicho, es administrar la derrota.

Lo que a mí sinceramente me viene a la cabeza es la situación de Mariano Rajoy. Su situación personal, quiero decir. ¿Cómo se encontrará? ¿En qué pensaría cuando llegó a su lugar de trabajo (la sede del PP) y se vio a esas personas, que teóricamente son de los suyos, increpándole, insultándole? Claro, quizá se pueda pensar que está recibiendo un poco de su propia medicina y quizá no le esté mal empleado. Pero, honestamente, es una situación que no le deseo ni a él.

Dan ganas de decir: "Joder, ¿no os gusta cómo lo hago? ¿Pensáis que podríais hacerlo mejor? Pues, coño, dad un paso al frente, levantad un dedito y decid 'yo sé hacerlo mejor' Y, si no, hostia, callaos y votad en el puto congreso de los huevos en Valencia". Pero esa forma de ir minando la moral, ese goteo de deserciones, de críticas, de comentarios crueles, dichos, además, sin decir, como quien no quiere la cosa, para que no pueda molestar. ¿Qué pasará por la cabeza de Mariano Rajoy? ¿Se irá a dormir llorando por las noches? ¿Qué le dirá a su mujer? ¿Qué les explicará a sus hijos?

No sé, básicamente, pienso en Mariano Rajoy el hombre solo. A mí me lo parece, sin duda.

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